París - Niza 2020| Etapa 1: Plaisir - Plaisir

Durante el curso de la historia, hay frases que han hecho caer imperios. Las connotaciones asociadas, el mero significado de ciertas palabras, llegan a ser suficientes para alterar el fluir de la realidad.

En un deporte como el ciclismo, en ocasiones representación misma de nuestra trastabillada existencia, el lenguaje mantiene intacta su capacidad de persuasión. Y una palabra francesa como échelons, tan sencilla, mueve montañas.

Tanto da nuestra traducción al español, abanicos, pues su fuerza radica en lo que esconde: el caos surgido tras la interacción con el viento, enemigo mitológico del ciclista. No importa qué individuo se enfrente a él; el ciclismo democratiza las diferencias entre los deportistas al recordar que todos, en lid con la geografía o con los elementos del clima, son simples humanos. Frente a frente, descartada la opción de victoria, la batalla se juega en torno a la supervivencia. En esos parámetros, la aparición de los abanicos en una carrera reduce inmediatamente la ecuación a lo indispensable. Se trata de llegar a meta, de no perder rueda, de no bajarse de la bicicleta. No más.

A menudo, la grandeza del ser humano ha de buscarse en lugares oscuros y recónditos, en situaciones miserables. Ante el envite del viento, la voluntad estoica del minúsculo ciclista ejemplifica una lección vital fundamental: hay que seguir pedaleando.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.