El pelotón del Giro, entre la naturaleza./ CC Engie Italia Flickr

Apuntes del Giro d’Italia 2016

Amuletos

Fernando Alcalá-Zamora

Desde Pinerolo los Alpes se aprecian ya imponentes: retantes, estoicos y nevados. Pero en una de las callejuelas emboscadas en el corazón de la urbe es imposible ver las montañas.

La piedra del adoquinado, la estrechez entre las casas y la pendiente criminal evaporan el horizonte. Sólo existe el empedrado, tan sólo el siguiente metro a superar. En la Via Principi D’Acaja únicamente existen el ciclista, su capacidad de llegar al limite y, alrededor, el gentío.

De Matteo Trentin retorciéndose no tenemos imágenes en movimiento. Quienes estuvieron allí contarán la leyenda y el paso del tiempo hará el resto.

Sí tenemos la fotografía. El brazo en tensión del aficionado canoso que apoya al ciclista, como si de su hijo se tratara. El rugir sordo de los aplausos. Y el torso desnudo de Trentin coronado por amuletos bailando al ritmo de la pedalada.

Seguimos sin saber cómo lo hizo, pero volvió a ocurrir. El trotón italiano se envolvió entre las sombras y decidió hacerse leyenda.

Apareció metros después en la recta de meta, ya cubierto por su halo hechizante, para recordarnos que este deporte no es deporte: es magia.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.

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