El pelotón del Giro, entre la naturaleza./ CC Engie Italia Flickr

Apuntes del Giro d’Italia 2016

Etapa 14: Farra d’Alpago - Corvara

Colosos de piedra

Fernando Alcalá-Zamora

Es muy probable que mi abuela, o mis tías abuelas, entretuvieran su tarde de sábado viendo Teledeporte. De ciclismo, más allá de Induráin, no tienen ni la más remota idea, claro.

Pero, ¡ay!, ante paisajes como los de hoy es imposible no caer rendido. La cadena montañosa de las Dolomitas, con sus macizos afilados de roca descubierta, parece un decorado recreado con técnicas virtuales.

Y allí abajo, como hormigas insignificantes, llegan los ciclistas trepando con parsimonia puertos imponentes. Las Dolomitas, que desde que leí la saga de George RR Martin pienso son la guarida en la que vive la tribu salvaje de los thennitas, son esas montañas que parecen ahí colocadas para ver sufrir al pelotón del Giro.

Lo tienen todo. Bosque, claros, cumbres nevadas, carreteras rectilíneas y sucesiones de giros de 180º. Paisajes majestuosos ante los que únicamente el ciclismo consigue aguantar el envite.

¿Se imaginan una carrera de motociclismo corrompiendo la calma de esos valles, de esas laderas, de esos pasos de montaña? Sólo el avance silencioso de la bicicleta, el extenuante y solitario esfuerzo del ciclista, infunde a los colosos de piedra el respeto necesario para invitar a disfrutar de sus secretos. Para mostrar al mundo su alma.

Eso mi abuela, estoy seguro, sí lo sabe.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.

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