El pelotón del Giro, entre la naturaleza./ CC Engie Italia Flickr

Apuntes del Giro d’Italia 2016

Barricas de vino

Fernando Alcalá-Zamora

El ciclismo recuperó hoy su razón de ser, cruzando en dirección norte el valle del Po, tras el espectáculo funesto de las últimas horas. Y dejando atrás a dos de los líderes mediáticos del pelotón, la caravana del Giro se embarcó en una aventura de 230 kilómetros.

Una etapa llana y rectilínea, extensísima en su recorrido, diseñada para escarbar en una de las constantes vitales de este deporte: la resistencia. La fragmentación del pelotón, los demarrajes y las caídas en desgracia han de tener explicación, necesitan de un contexto que aporte luz.

Sin la carga de kilómetros, éste sería un deporte menoscabado y empequeñecido. El ciclismo crece en barricas gastadas de vino, jugando con el paso del tiempo. El esfuerzo sobre la bicicleta durante la primera hora de carrera ha de tener su continuación en las pedaladas que se suceden cinco horas después.

No sería lo mismo ver rodar al líder de la carrera, un luxemburgués exquisito, sin la carga invisible de esfuerzo que porta sobre su espalda. Es entonces cuando se aprecia la tirantez de la musculatura, el desgaste lento al que el loco ciclista se presta, la superioridad física en su majestuosidad.

Bob Jungels, de veintitrés años, asegura disfrutar con todo ello. El ciclismo, perplejo ante su destreza, tiembla emocionado viendo su figura.

¿Tendrá el Don?

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.

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