El pelotón del Giro, entre la naturaleza./ CC Engie Italia

Apuntes del Giro d’Italia 2016

Etapa 3: Nijmegen - Arnhem (Países Bajos)

Grillos

Fernando Alcalá-Zamora

La tercera y última etapa del Giro’16 por Centroeuropa fue todo sonido. Las cámaras motorizadas, pegadas siempre a la acción en busca del primerísimo plano, tienden a captar jornada a jornada la variopinta orquesta que la competición genera.

En los Países Bajos, corazón de la revolución ciclista y feudo irreductible de la que podríamos bautizar como cycling-way-of-life, la algarabía inundó los 190 kilómetros de recorrido.

Se trata de la pieza musical que ha de conservarse a toda costa. En el rugir característico de las aceras y arcenes al paso del pelotón tiene el ciclismo el porvenir. Cuando la caravana se marcha fulgurante, en un abrir y cerrar de ojos, el veneno de la libertad sobre ruedas ha comenzado a hacer efecto.

El apartado del sonido mecánico tiene en el subir y bajar piñones un halo de brujería, con ese clack seco tan característico, puesto que consigue predecir el futuro inmediato. Es la voz de alarma de la bicicleta: ahí llega el ataque; aquí llega el desfallecimiento.

Me quedo, no obstante, con el chirriar de la frenada. A través de las carreteras neerlandesas el agudísimo y prolongado sonido apareció aquí y allá. En los momentos de fatídico peligro, además, al primer restallar le siguen sucesivas repeticiones. Y de repente la lengua de asfalto rodeada de campo, el único espacio no conquistado por la vida natural, se convierte por arte de magia en un concierto de grillos mecánicos. Un griiii griiiii griiii desenfrenado que podría competir con el cantar del campo cualquier noche veraniega de luna de llena.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.