Gigantes desgraciados

Tour de Francia 2017 | Etapa 1: Düsseldorf - Düsseldorf

El Tour de Francia nació, polvoriento y embarrado, un primero de julio de 1903. Desde entonces la carrera ha intentado proyectar una imagen triunfal –ejemplificada en el brillante maillot amarillo del vencedor– para demostrar que estamos ante uno de los mejores eventos deportivos jamás inventados.

Al plan le fallan, no obstante, dos detalles insignificantes: el ciclismo y los ciclistas. La esencia de este deporte está en el agotamiento progresivo, en la resistencia silenciosa ante la meteorología y la geografía. Los momentos de festejo se pierden entre una nube de horas aciagas. En la era del espectáculo el ciclismo rueda a contracorriente. Deshilachado.

Y en el centro de la marabunta revolotean los deportistas: figuras de apariencia desgarbada –a excepción de honrosas excepciones: Indurain, Dumoulin,…– y rostros envejecidos, propios del periodo de entreguerras.

En conjunto, ciclismo y ciclistas componen un cuadro coherente en su desgracia. Los momentos de luz destacan por la oscuridad que los rodea.

La caravana del Tour 2017 llegó a la ciudad alemana de Düsseldorf con la justa pretensión de dar lustre al inicio de la carrera: no sirvió de nada. El cielo se tornó gris, llovió sin cesar y las aguas del Rin no se inmutaron cuando, en una de sus orillas, Alejandro Valverde Belmonte se desparramó contra una valla metálica.

Allí quedó el murciano, encogido sobre el asfalto, mientras la tarde se consumía. Un gigante vencido gritando a las cámaras de medio mundo: somos ciclistas; sólo somos humanos.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.