Palacios y torreones. Alhambra./ CC anhgemus en Flickr

Avanzaba apresurado, trastabillándose, mientras el adoquín carraspeaba. Un lienzo púrpura e infinito, sobre su cabeza, amenaza lluvia.

Y las blancas fachadas, inclinando sus balcones sobre el trazado quebrado, permiten entrelazar los tallos de las plantas con sus vecinas en flor. No existen fronteras.

Huía. Entre plazuelas y calles escalonadas, se alejaba con el pulso desbocado. Por San Juan de los Reyes, entumecido mientras cala la niebla baja.

Convencido y sin mirar atrás, sólo la sombra rojiza de palacios y torreones intentaba arrastrarlo de vuelta. Una fuerza inexplicable: enrevesadas ataduras mentales.

Pero su engranaje no frena. Mantiene el paso, desciende en paralelo al caudal del Darro, derrumba sus diques de contención.

Antes del amanecer, huía. Huía de tanta belleza.

Periodista. Fútbol femenino, ciclismo y Copa de Europa en primavera. Editor de Las Islas.